De greenwashing a acción real: moda con propósito sostenible, con Carolina Restrepo
Carolina Restrepo, experta en sostenibilidad, derriba los mitos de la moda sostenible y explica cómo pasar del greenwashing a prácticas reales.
La mayoría de marcas que quieren volverse sostenibles empiezan por el lugar equivocado. Carolina Restrepo, diseñadora de modas con seis años dedicados al tema, lo dice sin rodeos en Negocios de Moda: antes de sembrar un solo árbol hay que saber cuántos residuos genera la operación.
Carolina tuvo durante una década una marca con enfoque social en Perú, trabajando con comunidades de artesanas. Hoy acompaña a empresas de moda que quieren pasar del discurso a prácticas verificables. Escucha el episodio en Spotify.
Sostenibilidad no es solo medio ambiente
El primer mito que derriba es el más extendido: «La gente cree que sostenibilidad es sembrar árboles o todo lo que tenga que ver con el medio ambiente». La dimensión social y la económica pesan igual, y en una industria intensiva en mano de obra la social suele ser la más determinante.
Su segundo punto es más incómodo para una marca joven: «En el momento en que empezamos a vender y a tener una audiencia, nos volvemos líderes, sí o sí». No hay tamaño mínimo para que las decisiones de una marca tengan consecuencias sobre quién produce y en qué condiciones.
El abecé empieza por medir los residuos
Cuando le preguntan por dónde arrancar, su respuesta es una advertencia: «No venga a montar un gran programa de siembra de árboles si usted ni siquiera sabe cuántos residuos genera». El orden importa, porque medir es barato y compensar sin medir es marketing.
Y agrega un factor que casi nadie asocia con el tema: «Una cosa que la gente no relaciona con la sostenibilidad es la eficiencia y el planear». Producir de más, cortar mal o repetir muestras porque el patrón no estaba listo son decisiones ambientales disfrazadas de decisiones operativas. Los desperdicios de corte se atacan antes de cortar, y ese trabajo empieza en el paquete técnico: está en la plantilla de tech pack.

Progreso, no perfección
Contra la parálisis del todo o nada, Carolina es tajante: «No existe la sostenibilidad perfecta» y «ninguna empresa va a ser 100% sostenible». La consecuencia práctica es que la meta correcta no es un estado final sino una trayectoria medible.
También pone un límite a la palabra misma: «Nombrarse como 'soy una marca sostenible' es llenarse la boca con palabras muy grandes». El nombre promete más de lo que cualquier operación puede sostener, y la promesa incumplida es justamente lo que después se lee como greenwashing.
Sin convicción de los socios, mejor no empezar
El diagnóstico más duro del episodio tiene que ver con la plata: «El peor error es montarse en la sostenibilidad si uno no está dispuesto a llevar esto hasta las últimas consecuencias». La prueba llega en el primer mes difícil, y ahí se ve si era estrategia o accesorio: «Si pensabas que eso es accesorio, es lo primero a cortar».
Por eso lo ubica en la mesa directiva y no en el área de mercadeo: «Si en los socios no hay convicción, no hay manera». Una iniciativa que depende de que sobre presupuesto no sobrevive a un trimestre malo.
Qué es el greenwashing y cómo se sale de ahí
Su definición es operativa: greenwashing es «mostrarse como que uno hace un montón de cosas alrededor de la sostenibilidad, pero resulta que no está soportado». El problema no es la ambición del mensaje, es la ausencia de evidencia detrás.
Menciona una contradicción frecuente que ilustra el punto: marcas que se declaran slow fashion mientras sacan colecciones al ritmo del calendario rápido, y ahí pregunta «teniendo slow fashion, ¿cuál es lo fashion?». Su salida es colaborativa, porque «no podemos ser sostenibles solos»: proveedores, talleres y clientes son parte del resultado. Entre las herramientas concretas que nombra están la moldería en tres dimensiones para reducir muestras físicas y la evaluación gratuita del sistema de empresas B para tener un diagnóstico externo. Cómo se traduce todo esto en decisiones de producción está en nuestra guía de moda sostenible.
Preguntas frecuentes sobre greenwashing en la moda
¿Qué es el greenwashing?
Presentar una imagen de compromiso ambiental que no está soportada por prácticas verificables. Carolina Restrepo lo define como mostrarse haciendo muchas cosas alrededor de la sostenibilidad sin que exista evidencia detrás.
¿Por dónde empieza una marca de ropa que quiere ser sostenible?
Por medir: cuántos residuos genera, cuánta tela desperdicia y en qué condiciones se produce. Compensar o comunicar antes de tener esos números es exactamente lo que después se lee como greenwashing.
¿La sostenibilidad es solo un tema ambiental?
No. Tiene una dimensión social y una económica que pesan igual, y en confección la social suele ser la más determinante porque el impacto está en las personas que fabrican.
¿Puede una marca decir que es 100% sostenible?
Según Carolina Restrepo, ninguna empresa lo es, y declararse marca sostenible es llenarse la boca con palabras muy grandes. Lo defendible es mostrar la trayectoria y los datos, no el título.
¿Quién debe liderar la sostenibilidad dentro de una empresa de moda?
Los socios. Si la convicción no está en la mesa directiva, la iniciativa se vuelve accesorio y es lo primero que se recorta cuando el presupuesto aprieta.
Cómo trabajamos
El punto de Carolina sobre eficiencia es el que más nos toca. En una confección, el residuo más grande no es el empaque: es la tela que sobra en el trazo y la muestra que hay que repetir porque el patrón salió mal. Los dos se reducen con trabajo previo, no con compensación posterior.
Fabricamos paquete completo en Cali. Hacemos patronaje y muestras hasta que la prenda queda aprobada antes de cortar la producción, compramos la tela y los insumos con las cantidades ya ajustadas al trazo, y revisamos calidad durante la corrida para no descartar lotes al final. Una referencia abre desde 36 unidades con los colores contados aparte; el desarrollo ocupa un rango de 2 a 8 semanas, y coser la corrida, entre 30 y 45 días hábiles. Ese mínimo existe para probar sin sobreproducir, no para quedarse ahí: la reposición vuelve a costar el mismo tiempo de fabricación, así que una referencia que ya se validó se pide entre 100 y 300 y se deja de repetir corridas cortas, que es donde más desperdicio se genera. Producir la cantidad correcta también es una decisión ambiental.
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