Los errores que frenan a los emprendedores de moda, con Jennifer Castellanos de Matilda
Jennifer Castellanos, de Matilda, cuenta los errores que cometió al arrancar, producir sin stock, depender de una sola modista, y cómo construyó una marca.
Jennifer Castellanos empezó vendiendo zapatos y hoy dirige Matilda, marca de moda inspirada en la mujer latina. En Negocios de Moda cuenta, sin filtros, los errores que cometió al arrancar: producir sin stock, depender de la modista de la esquina y no valorar su propio tiempo, y cómo pasó de tener una tienda de ropa a construir una marca.
Jennifer tiene 29 años y es CEO y directora creativa de Matilda, marca santandereana con familia de sastres detrás y una pausa como profesora de ballet antes de emprender. Escucha el episodio completo en Spotify.
De los zapatos a la ropa
Matilda nació vendiendo zapatos, con una socia amiga y un nombre elegido por votación familiar. Cuando su socia siguió su propia carrera, Jennifer se quedó al frente. El zapato terminó sintiéndose estrecho para su creatividad: "El zapato limita mucho en cuanto al desarrollo de la creatividad", explica, porque cada referencia obliga a producir la curva completa de tallaje, de la 36 a la 41, aunque las tallas extremas casi no se muevan. Empezó comprando y revendiendo ropa, hasta que la incomodidad de encontrar el diseño perfecto con la tela equivocada la empujó a producir lo suyo.
El error de producir sin stock
Uno de sus tropiezos iniciales fue vender antes de tener con qué responder. "El error que cometí al principio era que yo producía lo que vendía", confiesa, lo que la dejaba dependiendo de una sola persona. Lo vivió en carne propia un diciembre: tenía la tela lista, la modista comprometida, y cuando por fin logró contactarla, la tela había quedado quemada por una plancha en su casa. Tuvo que pedirle prestado a una tía para comprar el rollo de nuevo y responder a lo que ya había vendido. Su consejo para quien empieza: no lanzar veinte diseños sin base, sino cuatro con producción real detrás.

No confundir a la modista de la esquina con un equipo de producción
Su lección para quien empieza es clara: "no puedes buscar como equipo de trabajo a la modista que te hace el vestido especial." Esas modistas hacen un trabajo maravilloso para una ocasión puntual, pero también cocinan, cuidan nietos y tienen otras prioridades: no son la base confiable que exige producir por volumen. "Para lanzar a vender tienes que tener un stock", resume, y ese stock no puede depender de una sola persona sin respaldo.
Valorar tu tiempo como un activo
El empujón para ordenar el negocio vino de su prometido, una persona muy analítica que le mostró dónde perdía plata. La frase que le cambió el chip fue clara: "El tiempo que tú vales para tu empresa no es el tiempo de contar la tela." Jennifer aprendió todo el oficio en su propio taller (cortar, coser, escalar moldes) durante año y medio de pandemia, y ese conocimiento le sirvió para no dejarse engañar por tiempos inflados. Pero después tuvo que soltarlo: "Uno tiene que reconocer su especialidad", dice, y dedicarse a lo que de verdad hace productiva a la empresa.
De tienda de ropa a marca de moda
El punto de partida real de Matilda, cuenta, fue un cambio de imagen hace un par de años, cuando decidieron dejar de ser una tienda para volverse una marca. "Una tienda de ropa se deja vender sin una dirección clara; una marca de moda crea una identidad y hace una propuesta más allá de vender", explica. Matilda apunta hoy a la mujer latina, que "le gusta estar bien arreglada", con la hormiga santanderiana como insignia y colecciones como la inspirada en el café que se cultiva bajo sombra en Santander. Su cierre son tres claves para emprender: buscar "un factor diferenciador o un ADN", ser resiliente y ser persistente.
Preguntas frecuentes sobre Matilda y sus errores de arranque
¿Cuál fue el principal error de Jennifer Castellanos al empezar Matilda?
Producir solo lo que ya había vendido, sin stock de respaldo. Eso la dejaba dependiendo de una sola modista, y un diciembre esa dependencia le costó una tela arruinada y una venta comprometida que casi no pudo cumplir.
¿Por qué Jennifer Castellanos dice que no hay que depender de "la modista de la esquina"?
Porque una modista que trabaja desde casa hace bien un encargo puntual, pero no es un equipo de producción confiable para volumen: también cocina, cuida a su familia y no puede garantizar tiempos constantes.
¿Cuál es la diferencia entre una tienda de ropa y una marca de moda, según Jennifer Castellanos?
Una tienda de ropa vende de todo sin una dirección clara más allá de la venta. Una marca de moda construye una identidad y una propuesta propia. Matilda hizo ese salto con un cambio de imagen hace un par de años.
¿Cuáles son las tres claves que Jennifer Castellanos recomienda para emprender en moda?
Un factor diferenciador o ADN propio, resiliencia para los momentos difíciles, y persistencia para intentarlo las veces que haga falta. Dice que muy pocos de los que abren una marca se quedan lo suficiente para construirla.
Antes de comprometer producción, probar el mercado
El error que más le costó a Jennifer, prometer una venta sin tener stock real detrás, es exactamente lo que evita ordenar primero qué se va a lanzar y con qué base. Una llamada de exploración antes de comprometer producción cuesta una hora; un lote de tela arruinado en diciembre, mucho más.


