Juan de Dios, la historia de dos mujeres que crearon una marca global desde Cali

Nana e Isa cuentan cómo Juan de Dios pasó de vender vestidos de baño en un viaje familiar a exportar al mundo desde Cali con prints propios.

Juan de Dios nació de un cambio de vida y creció al revés de lo esperado: primero llegó la venta, después la estructura para sostenerla. En Negocios de Moda, Nana e Isa cuentan cómo pasaron de vender vestidos de baño en un viaje familiar a exportar a tiendas de departamento en Medio Oriente, con estampados propios como sello.

Nana es la fundadora y diseñadora, que dejó el negocio de su familia para dedicarse a lo que siempre quiso; Isa es economista, con MBA y paso por banca de inversión, y se sumó para ponerle números y procesos a una marca que ya estaba en marcha. Escucha el episodio completo en Spotify.

De un año sabático a la primera venta por Instagram

Antes de Juan de Dios, Nana trabajaba en el negocio familiar y sintió que ese no era su camino. Se tomó un año sabático, se inscribió a un curso de patronaje en Cali y con esas primeras técnicas cosió sus primeros vestidos de baño. Los estrenó en un viaje familiar a México, donde armó un pareo-tienda improvisado con sus hijos y vendió todo el inventario. De vuelta en Cali empezó a subir fotos a Instagram, y por ahí llegó el primer pedido internacional: una clienta en Estados Unidos escribió preguntando por un vestido, y esa venta la obligó a aprender a exportar desde cero, incluida la primera cuenta en FedEx.

La venta jalando la estructura, no al revés

Todo el negocio se armó sobre la marcha. Una tienda de lujo empezó a comprarles, y esa relación las llevó a una invitación de ProColombia a una feria en Nueva York. Ahí Nana llamó a Isa, que acababa de volver de hacer su MBA en España con un bebé de dos meses. Isa, que venía de la banca de inversión, aterrizó lo que hasta entonces era informal: cómo cobrarle a un cliente internacional, cómo llevar el inventario. Al comienzo lo hacían con una bitácora en Excel, en un escritorio compartido con cajas plásticas donde ponían las etiquetas a mano.

Internacional desde el día cero

El plan nunca fue quedarse en el mercado local. La primera venta internacional llegó por Instagram; después se sumaron boutiques pequeñas de Latinoamérica con pedidos de 20 a 25 unidades, y en esa primera feria de Nueva York una tienda de departamento de Medio Oriente hizo una orden de 300 a 400 unidades, un salto de escala que les cambió por completo el volumen. El calendario de la moda internacional también estuvo claro desde el inicio: entendieron temprano que había que mostrar una colección con meses de anticipación al cliente final.

Carta de colores EKA y muestras de tela Tallin junto a recortes de pasarela
Los prints propios que diferencian a Juan de Dios arrancan de la misma mesa de trabajo: paleta de color y muestras de tela antes de definir la colección.

Prints propios y el arte de gustarle a todos

El diferenciador de la marca son sus estampados, todos diseñados internamente. El proceso creativo arranca de un moodboard y de la intuición de Nana, y el reto más difícil es equilibrar gustos muy distintos entre mercados: lo que le gusta a la clienta latina no es lo mismo que a la europea ni a la de Estados Unidos. Su forma de resolverlo es buscar, dentro de una misma colección, que exista un grupo de piezas para cada uno de esos públicos sin perder una identidad común.

La planeación de telas, el reto más difícil

El mayor dolor de cabeza operativo es planear las telas, todas importadas de Europa, con mucha anticipación. En agosto los proveedores europeos se van de vacaciones y los pedidos quedan represados; una temporada les llegó todo tarde y tuvieron que negociar entregas parciales cliente por cliente. La lección fue pedir con aún más margen de tiempo. También recuerdan una colección de inspiración ecuestre que atravesó toda clase de contratiempos en producción y terminó siendo, contra todo pronóstico, la más vendida de su historia.

Preguntas frecuentes sobre Juan de Dios, la marca de vestidos de baño

¿Cómo nació la marca Juan de Dios?

Nana, su fundadora, cosió sus primeros vestidos de baño durante un año sabático después de dejar el negocio de su familia. Los vendió todos en un viaje a México y, de vuelta en Cali, empezó a recibir pedidos por Instagram, incluido el primero internacional.

¿Qué diferencia a Juan de Dios de otras marcas de vestidos de baño?

Sus estampados propios, diseñados internamente a partir de moodboards, pensados para equilibrar gustos de mercados muy distintos: Latinoamérica, Estados Unidos, Europa y Medio Oriente, donde hoy tiene presencia comercial.

¿Cómo llegó Juan de Dios a exportar a Medio Oriente?

A través de una feria en Nueva York a la que fueron invitadas por ProColombia. Ahí una tienda de departamento de Medio Oriente hizo su primera orden grande, de 300 a 400 unidades, un salto de volumen frente a los pedidos de 20 a 25 unidades de las boutiques pequeñas.

¿Qué reto operativo es el más difícil para Juan de Dios?

Planear la compra de telas, todas importadas de Europa, con suficiente anticipación. Los cierres de temporada de los proveedores europeos en agosto han retrasado colecciones completas en el pasado.

Lo que aprendimos de una marca que exportó antes de tener manual

Nana e Isa armaron su primer line sheet y lookbook contrarreloj, apenas semanas antes de la feria de Nueva York, guiadas por amigas diseñadoras porque no existía otro manual. Ese es exactamente el paso que una consultoría de planeación con precio cerrado deja resuelto antes de la primera feria o el primer pedido grande: calendario, fichas de diseño y modelo financiero listos con anticipación, no armados de urgencia.

Encuentra a Juan de Dios: sitio web · Instagram.

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