Hilando Éxito: cómo Carlos Arango y Mauricio Tessone crearon GAT Fashion Lab
De vender pollos a producir para grandes marcas: Carlos Arango y Mauricio Tessone cuentan el origen de GAT Fashion Lab y qué aprendieron.
Carlos Arango y Mauricio Tessone no estudiaron moda: uno es diseñador gráfico, el otro administrador de empresas, y su primer negocio fue vender pollos puerta a puerta. Veinte años y dos quiebras después, esa sociedad se convirtió en GAT Fashion Lab, la empresa que hoy produce para marcas reconocidas de la región.
En el episodio inaugural de Negocios de Moda, los dos fundadores cuentan su propia historia por primera vez. Escucha el episodio completo en Spotify.
De vender pollos a vender bodies puerta a puerta
Carlos y Mauricio se conocieron en 2001 en un curso de vacaciones para recuperar cálculo. Ninguno tenía formación en moda: «Somos unos ingenieros frustrados que después se volvieron un diseñador gráfico y un administrador de empresas», resume Carlos. Antes de tocar una tela vendieron pollos puerta a puerta, y después crepes.
El primer producto de ropa fueron bodies y blusas en polilicra, inspirados en lo que en ese momento hacían diseñadoras como Giovanna Ortiz. Los vendían en universidades y citas puerta a puerta, cargando la maleta de muestras por todo Cali. El negocio era tan cercano que, como cuenta Mauricio, una noche coincidieron en una discoteca con otra clienta que llevaba la misma prenda que su propia novia: tuvo que ofrecerle otra prenda ahí mismo para que no salieran vestidas igual.
El primer cliente que les enseñó el paquete completo sin usar esa palabra
El salto llegó cuando Carlos Álvarez, fundador de Emporio, les pidió una producción para diciembre en colores puntuales. Hasta ese momento vendían veinte o treinta prendas al mes a clientes sueltos. Este primer pedido corporativo fue de trescientas a quinientas unidades por referencia. «Nosotros no conocíamos el término como tal de paquete completo, pero ya estábamos haciendo un pedido a petición de un cliente, con sus especificaciones y su marca», explica Carlos. Hoy esa forma de trabajar tiene nombre propio: es el servicio de paquete completo que sigue siendo el corazón de GAT.
Colombiamoda: la vitrina que casi los quiebra
El diseñador caucano Andrés Otálora les propuso una misión que Carlos describe como «casi suicida»: montar en quince días una colección de cincuenta o sesenta bodies para exhibirla junto a él en su espacio privilegiado de Colombiamoda. «Nunca le hemos dicho que no a nada», dice Mauricio, y aceptaron. La colección abrió mercado en el Caribe y en Estados Unidos, y una compradora llegó a pedirles que empacaran todo para irse con ella al Miami Show al día siguiente.
Ahí cometieron un error que Mauricio recuerda con humor: llevaron la carta de colores completa de la tela en vez de filtrarla antes, así que los compradores armaron pedidos con combinaciones que la fábrica textil no podía surtir. Tocó reorganizar todo a última hora. Uno de esos contactos, con tiendas en Pereira, se entusiasmó tanto que quiso vestir a las presentadoras de RCN, entre ellas Carolina Cruz, y montó un pedido grande.
«Cuando nos ya cortó toda la tela, ahí no hay reclamo que valga. Y me llama y me dice: Mauro, paremos, me estoy quebrando.»
El cliente canceló el pedido después de que ya habían cortado la tela, el peor momento posible para cancelar, y terminó pagándoles en parte con una impresora en vez de dinero. Fue su primera quiebra real. Carlos recuerda la pregunta que se hicieron esa noche, y la respuesta que se volvió su norte desde entonces: «¿Seguimos o paramos?». «Seguimos.»

Dos quiebras y el descubrimiento del volumen
La polilicra pasó de moda, y con ella cayó su primera marca propia, Berkana. Salieron a vender puerta a puerta en pueblos como Toro, en el Valle, fiándole la mercancía a tenderos que conocían de nombre, y una red de vendedores les robó parte del inventario. Después tuvieron que cerrar su taller de confección por una extorsión, liquidar al equipo y quedar debiendo dinero: su segunda quiebra. La mamá de Mauricio les prestó ocho millones de pesos que devolvieron cinco años después.
El giro real llegó por la novia de Mauricio, que tenía locales de venta al por mayor en el centro de Cali. «Ella me dijo que una vez aprendiéramos a vender al por mayor, jamás íbamos a querer volver a vender al detal», cuenta Mauricio. Su primer pedido fue de ciento cincuenta a doscientas unidades por referencia, en quince referencias a la vez, muchísimo más que cualquier mes de ventas al detal. Vender volumen los obligó a presentar entre treinta y cuarenta diseños nuevos cada mes, así que contrataron a su primer colaborador dedicado solo a diseño.
Cómo llegaron a Studio F
Mauricio era amigo de Carlos Fernando Acosta, hijo del fundador de Studio F, que insistía en que le ofreciera ropa a su papá. Cuando por fin se animó, Carlos Alberto Acosta lo citó un martes a las siete de la noche con una maleta. Mauricio llevó más de ciento veinte prendas, y Acosta revisó cada una junto a su directora de producto hasta cerca de las nueve.
Acosta le advirtió que no le iba a «dar el pescado», solo prestarle la caña. La respuesta de Mauricio quedó como leyenda interna: «Yo no necesito que usted me preste la vara. Dígame dónde está el lago, que yo construyo mi vara.» Acosta le explicó por qué le interesaba: hasta entonces solo importaba de Europa o China, y Mauricio podía convertirse en su primer proveedor nacional de paquete completo con producto colombiano. Mauricio respondió: «Estoy listo para que nos haga ricos.» Ahí conocieron el paquete completo a la escala en la que GAT lo opera hoy.
Preguntas frecuentes sobre la historia de GAT Fashion Lab
¿Quiénes fundaron GAT Fashion Lab?
Carlos Arango, diseñador gráfico, y Mauricio Tessone, administrador de empresas. Se conocieron en 2001 en un curso de vacaciones y su primer negocio fue vender pollos puerta a puerta, antes de tocar una tela.
¿Cómo empezó GAT Fashion Lab?
Con una marca propia de bodies y blusas en polilicra que vendían puerta a puerta y en universidades. El salto a producir para otras marcas llegó cuando un cliente les pidió trescientas a quinientas unidades por referencia para diciembre, mucho más de lo que vendían al mes por su cuenta.
¿GAT Fashion Lab pasó por quiebras?
Dos. La primera, cuando un cliente canceló un pedido después de que ya habían cortado la tela. La segunda, cuando tuvieron que cerrar su taller de confección por una extorsión. Las dos veces siguieron adelante con el mismo negocio, no con uno nuevo.
¿Cómo llegó GAT Fashion Lab a producir para Studio F?
Por una amistad de Mauricio Tessone con el hijo del fundador de Studio F. Cuando por fin le ofreció una colección directamente a Carlos Alberto Acosta, este le propuso convertirse en su primer proveedor nacional de paquete completo.
Qué aprendieron, y hacia dónde va GAT hoy
El consejo que más repiten para quien arranca en moda es no enamorarse de la marca sino del proceso: si una marca no funciona, se cierra y se empieza otra, pero el objetivo sigue en pie. El segundo es pensar primero en el modelo comercial y no en el producto, porque el producto casi siempre se parece al de alguien más. Y el tercero, que a Carlos se lo dijo alguien de frente, es delegar antes de convertirse uno mismo en el cuello de botella del negocio.
Hoy la apuesta de GAT es la internacionalización, aprovechando la cercanía a Estados Unidos frente a los ciclos mucho más largos de China, junto con tecnología propia: una alianza con Optitex para patronaje 3D y el uso de inteligencia artificial generativa en el desarrollo de producto. Si estás en la etapa que Carlos y Mauricio describen en sus primeros años, con una idea de marca y sin saber por dónde arrancar la producción, así es como trabajamos hoy: en GAT una referencia se abre desde 36 unidades por color, y si esa referencia vende, el camino natural es reponerla con un lote de 100 a 300. El calendario es el mismo de siempre: el molde y la muestra tardan entre 2 y 8 semanas, y desde que apruebas la muestra hasta tener el pedido listo pasan entre 30 y 45 días hábiles. Cuéntanos tu proyecto en nuestro cotizador, es gratis y un asesor te contacta con un estimado.


